Armando Pous es coleccionista de soportes sonoros e investigador en la Fonoteca Nacional de México, lugar en donde se resguarda su colección viva (la cual sigue creciendo con nuevos soportes) conformada por aproximadamente quince mil  soportes sonoros —que incluyen discos de principios de siglo XX—  entre discos LP de 45 revoluciones, discos de gran formato, cintas de carrete abierto, casettes, alambres de acero inoxidable y discos de cartón

Y aunque parezca imposible, aquellos soportes fueron rescatados de los tianguis, una serie de establecimientos comerciales que se instalan de forma periódica en las calles de la capital, estos son muy populares en todo el territorio mexicano.

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 Durante la década de los años cuarenta  la abuela de Armando Pous vivía en la calle de Argentina, en el centro de la Ciudad de México, y para llegar a esta casa, sus padres tenían que dejar estacionado el coche  lejos:

“De las manos de mis padres, mis hermanos y yo atravesamos por decenas de puestos. Para mí eran muy interesantes porque había cuadros, armaduras y cosas que solo podía apreciar en las películas. Ahora la mercancía es diferente y en los tianguis encuentras otro tipo de cosas. Lo mejor de esa experiencia es que, del tianguis de la Lagunilla nació la colección que se resguarda en el museo Franz Mayer”.

 La afición por coleccionar soportes sonoros nació de forma indirecta con su madre, a quién le gustaba mucho la música de la década de los años treinta y cuarenta y los discos eran de bajo costo  y se conseguían fácilmente en los tianguis de la ciudad.

“Mi madre siempre me decía: tú qué vas al mercado de la Lagunilla, busca algunos discos de música.  De los discos que compraba, hubo algunos  que llamaron mucho mi atención y los guardé para mí. Los discos eran muy baratos costaban 30 o 40 centavos”.

 

Armando Pous. Imagen cortesía Fonoteca Nacional
Armando Pous. Imagen cortesía Fonoteca Nacional

Fue hasta la década de los ochenta, cuando Armando se integró a un grupo de coleccionistas, sin saber que los veteranos integrantes de aquel grupo, lo consideraron como heredero de todas las colecciones: Armando había logradojuntar casi 50 mil soportes sonoros.

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 De los tianguis, Armando también se abastece  de otros objetos para coleccionar, por ejemplo, las radios antiguas. Gracias a esa afinidad, el coleccionista ha reunido setecientos radios de bulbos. En un principio, él compraba aparatos para escuchar discos viejos, pero pronto la colección comenzó a crecer. Algunas radios fueron donadas por personas que ya no necesitaban de los viejos aparatos o que  se mudaban de residencia: una radio que pesaba 20 kilos estaba de más.

“Así comencé una colección de setecientas radios de bulbos, aunque solo funcionan doscientas. El resto tiene compostura, pero ya no hay técnicos y prefiero conservar las radios con sus piezas originales, técnicamente todas están completas”. 

Entre las cosas más extrañas que conforman parte de  la colección de Armando Pous, destaca una radio europea que se caracteriza por tener espejos y que llegó a sus manos como regalo de un coleccionista: 

“En ningún museo de Europa hay una radio como esa, probablemente sea un  prototipo porque es de origen belga y en los museos de ese país no existe otro igual”.

Armando Pous frecuenta semanalmente los tianguis de la Ciudad de México y esa búsqueda constante lo ha llevado a obtener  otros hallazgos con un gran valor histórico: 

“Hace 2 años en uno de los tianguis que frecuento los días sábados, compré unas películas en formato 9.5 milímetros de la década de los veintes. En las etiquetas de esta película yacía la leyenda “Progreso Mérida”.  Dos semanas después, el  mismo vendedor me dijo que había otras treinta películas con el mismo formato. Con la ayuda de la sonidista Sibylle Hayem, esas películas se canalizaron a la Cineteca Nacional de México. Para sorpresa de todos, las grabaciones eran únicas”.

Colección de radios. Imagen vía web
Colección de radios. Imagen vía web

 

Las películas incluyen escenas que retratan la vida social de Mérida, Yucatán en México. El material  ya está digitalizado y se espera que sea proyectado por primera vez en la Universidad de Yucatán para el disfrute del público en general, con el objetivo de que los asistentes reconozcan a algún pariente. 

“De eso se trata el rescate de los soportes sonoros y audiovisuales, de recuperar la memoria de un lugar o de recordar a una persona.  Creo que mi trabajo como rescatista y coleccionista es primordial. Me siento con la obligación de trabajar en la preservación de aquellos recuerdos que están por desaparecer”