Los días 17 y 18 de octubre pasado, el Centro Nacional de las Artes, de la Secretaría de Cultura de México, presentó el maravilloso espectáculo de la prima ballerina y mejor crotalista del mundo, Sonia Amelio.

Con su frágil figura, sus delicados y elegantes movimientos dancísticos, su maestría musical y su amigable sonrisa, Sonia llena el escenario y emociona porque el público percibe el gran talento y la sólida disciplina que hay detrás de tan magnífica artista.

Afiche de la presentación de Sonia Amelio en el Centro Nacional de las Artes. (Foto Cortesía Secretaría de Cultura)
Afiche de la presentación de Sonia Amelio en el Centro Nacional de las Artes.                        (Foto Cortesía Secretaría de Cultura)

 

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El espectáculo incluyó fragmentos de Alborada (Vivaldi), Ensueño (Debussy), Por un capricho (Bizet), Campanella (Liszt) y Capricho italiano (Tchaikovsky). Sonia obsequió, además, Las chiapanecas (melodía popular), Carmen (Bizet) y La danza húngara No. 5 (Brahms). Y honró la memoria de la insigne Alicia Alonso, dedicándole una conga cubana.

Sonia Amelio tuvo la gran fortuna de descubrir sus talentos muy temprano en la vida. Desde pequeña estudió música y danza. Aprendió a tocar el piano, compuso y dio conciertos. Le encantaba bailar y tenía una gran elasticidad. El piano y la danza fueron durante años sus cotidianos acompañantes, al grado que se sintió muy angustiada cuando, en cierto momento, tuvo que elegir a uno de los dos para continuar su carrera profesional.

Sin embargo, su entusiasmo, sensibilidad, carácter, ingenio y el gran amor por ambos, la condujeron a escuchar su voz interior y a encontrar una opción con la que se sintió cómoda. Si bien dejaría el piano como concertista, no renunciaría a la música porque, a través de sus crótalos, la complementaría con la danza.

Así, desde muy joven, la propia Sonia delineó su perfil artístico único. Su arte fue creado por ella, al combinar magistralmente la danza, la música y la fantástica melodía de sus crótalos, que la han hecho destacar igualmente como concertista.

Otro momento importante en su vida, en el que Sonia nuevamente mostró su carácter, fue cuando se le invitó a jugar un papel protagónico en la película Un dorado de Villa. Aceptó el reto lanzado por Emilio Fernández, supo lidiar con la oposición de su padre, se dio el gusto de ser actriz cinematográfica, obtuvo la Diosa de Plata y fue parte de la terna como mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Moscú. Aprendió de la experiencia.

La actuación en el cine, igual que en el teatro y la televisión, sólo fue un enriquecedor paréntesis en su vida artística. Sonia decidió continuar con su arte singular, gracias al cual ha sido universalmente reconocida por su amplio público, por personalidades e instituciones.

Sonia Amelio en su estudio (Foto cortesía Mónica Mora)
Sonia Amelio en su estudio de la ciudad de México.                                                                                                                                             (Foto cortesía Mónica Mora)

 

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Sonia, por lo general, diseña su vestuario. También selecciona la música que acompaña la amplia variedad de sus coreografías, sea con zapato suave o de punta, concierto con zapato de tacón o huaraches, o el solo de crótalos. En este abanico están implícitas sus distintas técnicas, al ser prima ballerina, concertista de piano, directora de orquesta, coreógrafa, actriz y crotalista. Por eso, la suya es considerada ya una nueva forma de arte en la música y la danza clásica.

Su innovación contribuyó al enriquecimiento del arte mexicano que estaba en plena transformación durante los años de formación de Sonia. Y, como resultado de sus presentaciones en un sinnúmero de escenarios en los cinco continentes, ella ha encumbrado el nombre de México y ha sido merecedora de múltiples condecoraciones y homenajes, especialmente en Rusia, China, Cuba, Alemania, Portugal, Hungría, España, Grecia, Turquía, Tailandia, India, Egipto, Argelia y Marruecos, países en los que se ha presentado en repetidas ocasiones.

Varios recintos artísticos llevan su nombre. Entre otros, el Instituto de Arte y Cultura de San Isidro, California, en Estados Unidos, y el auditorio de la Escuela Nacional Preparatoria Número 6, de la UNAM, en México. Ha sido nombrada huésped distinguida en muchas ciudades y el compositor ruso de origen armenio, Aram Jachaturian, le dedicó su ballet La viuda valenciana, estrenado por Sonia en compañía del primer bailarín Sergei Radchenko, del Ballet Bolshói.

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En abril de 2020 se cumplirán 25 años de la Cruzada del Arte por la Paz que anunció Sonia en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en 1995, en una presentación que generó tal emoción en su audiencia que hizo que se olvidara por unos momentos el conflicto que involucraba a muchos de los asistentes, entre quienes estaban tanto representantes de etnias locales como miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

En la Fonoteca Nacional de México se pueden escuchar algunas de sus presentaciones y entrevistas, en las colecciones de Radio Educación, Televisa Radio y el Festival Internacional Cervantino, entre otras, que pertenecen al acervo de dicha institución.

Y, quién mejor que Luis de la Hidalga, su amado compañero de vida, para emitir en la biografía que dedicó a Sonia, una amorosa y atinada descripción acerca de tan sencilla y ejemplar mujer: “Sonia Amelio. Mexicana universal. Danza y música. Dos artes, un solo cuerpo”.

 

Texto:  Mónica Mora.

 

Galería de fotos: Sonia Amelio en el escenario.

(Cortesía Sonia Amelio)