Desde el año 2013, el sonido es una herramienta fundamental para el colectivo tlaxcalteca Tractor, grupo integrado por ingenieros de audio, artistas visuales, estudiantes de artes y académicos.

Abel Benítez Figueroa músico y artista visual, actualmente es el coordinador de programas educativos y de vinculación en el Centro de Tecnologías Creativas en La Colmena y uno de los fundadores del colectivo Tractor

El colectivo Tractor se formó a partir de una serie de actividades entre artistas sonoros, nacionales e internacionales, que asistían a la zona sur del estado de Tlaxcala para impartir talleres, así como otorgar charlas en la Universidad Autónoma del mismo estado.

“Ellos llegaban a la Ciudad de México y nosotros los invitábamos a Tlaxcala para presentarse y aprovechábamos para tocar con ellos y hacer talleres. Con esta dinámica conocimos a muchos artistas sonoros y con ello se dio pie a la formación del colectivo.

Como parte de las primeras actividades de Tractor se hicieron talleres en donde se trabajó con públicos específicos: bebés, niños, migrantes, o comunidades. Todos sus proyectos estuvieron vinculados con el arte sonoro. Sin embargo, el que llevó al colectivo a ser reconocido a nivel internacional fue Inmensidades.

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En el año 2014, a través de una beca, Inmensidades se dio a conocer en escuelas primarias y secundarias del estado de Tlaxcala. 

La puesta en marcha de una interfase eléctrica permitía al público interactuar con el medio ambiente y los presentes podían producir sonidos al momento en que tocaban la planta. Para que eso fuera posible, se requería de una planta, misma que funciona como sensor electromagnético. Cuando el público se aproxima a la planta, se generan sonidos y esos sonidos eran proyectados con imágenes e iluminación. En eso versa el proyecto Inmensidades

Antes de concluir la beca, el colectivo Tractor decidió exponer el proyecto con los árboles que se encontraban a las afueras de la iglesia la Candelaria, en Tlaxcala. 

“El espacio que rodea la iglesia también cuenta con un panteón y está rodeado por mucha naturaleza como fresnos, pinos y robles muy viejos, un espacio muy pertinente para poner en marcha Inmensidades”.

Cada vez que la planta, conectada a la interfaz, generaba un sonido, la fechada de la iglesia era intervenida con proyecciones y la gente de la comunidad podía interactuar con un árbol. Sin darse cuenta, la población de Teotlalpan estaba conviviendo con el arte, la tecnología y el sonido. Fue un evento que unió a todas las generaciones. 

La originalidad del proyecto lo ha llevado a presentarse en festivales internacionales de Francia y Japón. Sin embargo, en México el proyecto solo se ha presentado en los estados de Morelos y  Tlaxcala. 

“Usamos la tecnología a través de una video transmisión sonora dentro del panteón para que la gente se acercara a los árboles, abrazarlos o tocarlos. Esa interacción permitió que los árboles emitieran sonidos similares a los latidos del corazón. A la gente de la tercera edad le encantó el proyecto porque ellos explicaban que siempre hablan con sus plantas.  Este evento se convirtió en una tradición en la comunidad, el arte del colectivo paso a ser algo más social”.

En Inmensidad el sonido funciona como una reflexión hacia la naturaleza.