Los discos compactos se introducen en el mercado a partir del año de 1982. Existen diferentes formatos, entre ellos: CD-A, CD-ROM, CD-I, CD-R, CD-RW, CD-V, CD-Extra y SACD. Todos estos con diferentes usos.

Inicialmente estos soportes fueron utilizados por la industria musical, específicamente el CD-A, incluyendo música y palabra hablada, con la ventaja de que se podían reproducir a grandes escalas con manofactura, materiales y propiedades similares.

Los discos compactos tenían una ventaja en comparación con los discos analógicos; no se rayaban con los discos de vinilo y podían reproducirse miles de veces, sin que se deterioraran . Pero años más tarde se demostró que esto no era cierto, aunque tenían otras cualidades como el tamaño (son más pequeños que un vinilo), menor peso y mayor almacenamiento de información.

 

(Fuente. La Conservación en un Archivo Sonoro. Autor. Mariela Salazar Hernández
Primera edición 2018. Producción. Fonoteca Nacional/Secretaría de Cultura. Ciudad de México)