-¡Ya llegó Ramón!

-¿Quién?

-¡Ya llegó Ramón… la changa güey!

-¡Ay sí! el de Tepito, el de las cumbias.

El público detiene sus pasos para presenciar la entrada triunfal del anfitrión del baile. Todos lo saludan, le piden autógrafos, lo abrazan, le dicen cosas, le toman fotos. El trata de responder a todas las muestras de afecto, firmar todas las libretas, palpar todas las manos que se le cruzan en el camino y sonreír para todas las cámaras, pero son muchas y el tiempo es oro. Sí, el tiempo para escuchar a la changa en acción.

Antes de todo el arguende, debo reconocer que entrar al baile no fue fácil. La lluvia que azotó aquel jueves me hizo correr por la avenida Tacuba hasta llegar a las puertas del salón tropical “Caribe”, un pintoresco sitio que albergaba chilangos chidos con pinta de bailarines profesionales que salían y entraban del lugar para fumar un par de cigarrillos y echar el cotorreo. Después de dos horas de espera, cien tabacos inalados, malas caras, empujones, pellizcos de nalga (y no las mías), con la ayuda de la esposa de Ramón, Elizabeth Navarro (la pelusa), quien tomó mi mano y me brindó la oportunidad de entrar al lugar sin pagar la entrada, estaba en cabina contemplando el trabajo del DJ del barrio y viéndolo en acción.

Ramón Rojo. Fotos. Bicky Ramírez
“Ramón Rojo” Fotos. Bicky Ramírez

Justo en ese momento pensaba en papá. La primera vez que escuché el nombre de la changa fue a los cinco años de edad en viva voz del señor Ramírez, quien bajo los efectos del alcohol disfrutaba de la música de su viejo casete color blanco y con fervor alimentaba sus cumbias diciendo: “Chchchcha-cha-cha-changaaa” La risa fue inevitable, tanto que aquel momento es inolvidable pero, ¿Cuál es la analogía entre los primates y la cumbia? Ramón Rojo Villa explica que adoptó el sobrenombre de la changa por la radionovela “Chucho el roto”, un personaje que robaba a los ricos para darles a los pobres, este tenía dos ayudantes llamados: el rorro y la changa.

***

Ramón es el Dios del Sonidero. Mientras selecciona la música, hace movimientos en la consola: botones arriba, botones abajo, prende y apaga el micrófono, lee y envía saludos al mismo tiempo que bromea con el público.

-Tres changazos para la familia Sánchez y otro changazo para la panadería Heidi y para mi ahijado Adán… ¡Vamos a bailar esto que dice…!

"Los saludos". Fotos Bicky Ramírez
“Los saludos”. Fotos Bicky Ramírez

La mayor parte del tiempo Ramón interrumpe la música para interactuar con el público y esto no parece molestarle a los presentes, porque ellos bailan y bailan mucho. Primero se dejan sonar las cumbias, después la salsa y si da tiempo se escuchan y bailan las guarachas sonideras: música para las chiquititas y las grandotas, para las flaquitas y para las gordotas, ¡sí! la música que ocupa la changa es incluyente.

¿Los changazos? es la voz repetida de Ramón Rojo. En el mundo del sonidero se les conoce como adornos o saludos y son estos efectos los que llaman la atención de los asistentes, quienes pueden dejar pasar dos o tres canciones y permanecer frente a la consola con recados en mano, hasta que el nombre de sus familiares se escuche en la voz de la changa.

El espectáculo se divide en tres planos. El primero lo conforma Ramón desde la consola, el segundo plano decenas de manos con trozos de papeles y el tercer plano el público bailador que se pierde en el prender y apagar de las luces del salón Caribe, ubicado en Tacuba. En la pista desfilan tacones, zapatos de charol, tenis, sandalias, botines con lentejuelas, botas de obrero, plataformas y zapatos de piso. También hay sombreros, gorras, boinas, paliacates, cabezas calvas, trenzas, pelucas y algunos senos postizos.
Mientras con cámara en mano camino por el salón mi cuerpo siente la necesidad de bailar, cuando menos siento mi pie izquierdo comienza a realizar un par de movimientos involuntarios que van acorde con el ritmo del acordeón.

"Un changazo" Foto. Bicky Ramírez
“Un changazo” Foto. Bicky Ramírez

-¿Y tú no bailas? me pregunta un señor de bigotes gruesos, gabardina, zapatos de charol y un sombrero. Su acento es picaresco, es un pachuco perdido en el siglo
XXI.

-¡Claro que sí! –respondí casi ofendida- pero vengo en plan académico.

– Ah mírate ¿estudias?, ¿en dónde?

-En la IBERO. El hombre suelta una carcajada y con un gesto burlón me pregunta. -¿Apoco las de la IBERO bailan cumbia?

-¡Ja! Chavo, estás chavo.

***

-¿Qué dice el chamaco? ¿Qué dice el niño? “Oye Ramón, ponme una canción chingona de la matancera, para que vean que los de Tepito sí sabemos bailar”

-¡Claro que sí, vamos a bailar!

La pista de baile se ilumina con luces de colores, las bocinas cantan al sonido de unas trompetas mientras en el centro de la pista gira una bola disco, el símbolo de
la vida nocturna, detalles que te hacen sentir como un John Travolta cumbiambero, en una emisión de fiebre de sábado por la noche, pero en Tacuba.

"La changa en sudadera". Bicky Ramírez
“La changa en sudadera”. Bicky Ramírez

¿Con que vives en la ciudad de México, eh? Muy de la Condesa, muy de Polanco, muy de Santa Fe, muy acá…pero ¿has visto bailar a un chilango? ¿No? Entonces lamento decirte que te falta barrio. Te estoy hablando del Tibiri, pasos de cumbia que no son normales porque son exclusivos de la raza citadina, del barrio pesado, es el patrimonio cultural del chilango. La cosa no es fácil. Haces como que brincas, haces como que bailas, haces como que vuelas. Algo así como el básico de cumbia, como me enseñó mamá: pasito a la izquierda, pasito a la derecha y si tienes tiempo lanzas unas pataditas pa´ atrás y pa´ delante. ¡Y que no se te olviden las vueltas manito! El hombre es el que lleva a la mujer; los pasos se improvisan con el corazón, las vueltas se arrebatan con si fueran besos. Todo en la pista es un verdadero espectáculo, un ritual.

Tepito, Santa María la Ribera, Iztapalapa, la Doctores, Chalma o Cuautepec barrio bajo… chilango, te ganaste el cielo ¡por favor! Jamás niegues la cruz de tu parroquia porque ¡Chilango chido, baila chingón!

***

Ramón Rojo intervino una hora en el baile, tiempo suficiente para que los presentes expusieran sus mejores pasos. El espectáculo no terminó en ese momento, porque llegó la hora de las fotos, los autógrafos y todas esas cosas propias de la gente famosa. ¡No es broma! Así como el hombre derrocha cumbias, también derrocha humildad. Sonríe para todas y todos. Es amable y carismático ¿Qué así son todos los de Tepito? Es que ando en busca del amor de mi vida y que mejor que me venga dominando las cumbias del barrio.

-Jamás olvido de dónde vengo, no puedo negarle nada a mi gente, porque por ellos estoy aquí.

El señor Rojo nació un 2 de junio de 1948, pero las cumbias son lo suyo desde los 20 años de edad y no por necesidad, sino por gusto. Desde entonces, Dios le dio el don de ser sonidero y el privilegio de predicar la cumbia. Con tanta gente, con tanto tumulto, con tanto ajetreo fue imposible soltar el listón de mi pelo para hacerle una petición y es que pese a que el espectáculo fue largo la entrevista fue corta, casi a la media noche.

"Ramón y sus fans"
“Ramón y sus fans”. Bicky Ramírez

Oye Ramón, ponte esa que dice: “Llevo en mi mente una cumbia que dice, que viva la cumbia por siempre, por siempre”. Después, entrados en ambiente con la raza, con la pandilla, con el bailongo: ¿Qué onda Ramón? ¿Me concedes esta cumbia? Pero fue imposible, el hombre vive para las peticiones de su público. Ya será en otro momento, en otro baile, en otra vida, pero… ¡que nadie sepa mi sufrir!

"Ramón, familia y amigos". Bicky Ramírez
“Ramón, familia y amigos”. Bicky Ramírez

 

 

 

Fotos y texto. Bicky Ramírez